Novatadas, golpes y miedo, exalumnos narran lo vivido en academia militarizada donde murió Dafne
Exalumnos relatan que en la escuela localizada en Ciudad Madero se confundía la violencia física con la disciplina
Con la muerte de Dafne en la Escuela Militarizada Doenitz de Ciudad Madero, varios exalumnos han narrado lo que vivían al interior del plantel, donde aseguran que presenciaron o sufrieron amenazas, novatadas y mucho miedo.
Emanuel Pérez Diego, quien permaneció en el sitio desde 2020 y lo dejó el año pasado, aseguró que muchas veces dormía con objetos en la mano para poder defenderse.
“Me salí por muchos problemas, amenazas de golpearme. Muchas veces, por el miedo, llegué a dormir con lápices y tijeras en la mano porque uno vive con miedo de que te vayan a hacer algo”, dijo.
“Confunden disciplina militar con golpes”: exalumno de Doenitz
Aseguró que cuando alguno de los alumnos tenía un comportamiento considerado inadecuado debía enfrentar castigos severos.
“Los amarraban y los dejaban ahí noches enteras, a veces sin comer ni cenar. Confunden la disciplina militar con los golpes, cuando no son las maneras de enseñar a los niños”, dijo.
Las novatadas no eran ajenas. “Muchas veces presencié las novatadas. En las noches los levantaban para golpearlos, teníamos mosquetones, réplicas de armas de madera. Muchas veces llegaban, te pegaban en una costilla, te pateaban, te aventaban el casco en la cabeza”.
Quienes padecían algún trastorno, como autismo, no quedaban exentos: “A niños con autismo los trataban mal porque decían que eran desobedientes”.
Pérez Diego dijo estar en shock por la muerte de Dafne. “Triste, a pesar de que no conocí a la compañera, me sumo a la causa porque no se me hace justo. No imagino el dolor de su mamá”.
“No alzamos la voz y ahora se cobraron una vida”: exalumna de Doenitz
Esperanza Bedolla Guerrero también narró lo vivido en el sitio, asegurando que también dejó el plantel por los abusos que vivía. Estuvo de los 15 a los 17 años, periodo en el que vivió diversas situaciones que considera de riesgo.
“Lo malo es que no alzamos la voz, pero esto ya es el colmo porque ya se cobró una vida y no hacemos nada, porque una, pensábamos que no nos iban a creer, y otra, decíamos: ‘¿Para qué hablamos?’, y era casi inhumano”, dijo.
Los cobros, asegura, eran excesivos. “Me querían castigar por no comprar unos libros que costaban 100 pesos cada uno y nos los querían dar en tres mil 500 pesos. También no eran justos con los precios, le cobraban al alumno dependiendo de cuánto ganaban”.
Por las quejas que expresaba, “me quisieron arrestar, quitar horas, retirarme los grados que tenía y mi mamá decidió sacarme al día siguiente de la escuela porque no podíamos. Perdí ese año y tuve que repetirlo porque ninguna escuela me aceptaba”.
Calificó el sitio como “un cuartel de payasos, porque querían hacer ver que eran muy correctos, que eran muy militares, pero de militares no tenían nada; abusaban, hacían todo a conveniencia propia”.
Su hermano también cursó su formación en el Doenitz. “Estuvo ahí hace más de 15 años, tiene 33 años y desde entonces se veían muchos abusos”.

